Vuelos de la muerte y cementerios clandestinos en Entre Ríos

DERECHOS HUMANOS 19 de abril de 2021 Por RADIO GPS
El libro “El lugar perfecto” del periodista entrerriano Fabián Magnotta motorizó la investigación por los vuelos de la muerte que arrojaban cuerpos en el delta de Entre Ríos. La Secretaría de Derechos Humanos de Gualeguaychú realizó una convocatoria para ayudar en la investigación, una entrevista con su director, Matías Ayastuy y con el autor del libro, incluyendo fragmentos del informe. El rol del cementerio de Villa Paranacito y la opinión de la fiscal, Josefina Minatta.
delta

Entrevistas: Fernando Tebele/Paulo Giacobbe. Redacción: Paulo Giacobbe. Textuales: Entrevista a Fabián Magnotta: Mónica Mexicano. Edición: Diego Adur.

“Los testimonios coinciden en hablar de vuelos que lanzaban bultos y los cuerpos aparecían maniatados o quedaban enganchados en algún muelle”, dijo Fabián Magnotta en Oral y Público, y precisó: “Estela Escobar dice que vio helicópteros de madrugada. Un lanchero que ya murió hablaba que vio cuerpos vestidos, con manos atadas y helicópteros. Un empleado de la planta de celulosa argentina Don Julio también vio helicópteros que lanzaban bultos. Un payador uruguayo, Concepción Regalini, hablaba de helicópteros verdes sin numeración que lanzaban bultos. Los vio pasar hasta 5 veces por semana, pero eran irregulares los vuelos, a distintas horas del día por distintas partes, muchos durante el mundial 78. Vio cuerpos maniatados, atados con alambre de púas. Ramón Tejeda también vio helicópteros sobre los ríos y sobre los montes. Bartolo Venancio, helicópteros sobre el Río Paraná Bravo, con ametralladoras en la puerta. Charly Ferreira, helicópteros que se posaban a diez metros en el Río Sauce, helicópteros verdes. Hugo Regora habla de helicópteros y aviones y José Luis, que murió hace poco y era lanchero escolar, dijo que vio aviones Hércules que tiraban -cuerpos- sobre el paso de la lancha escolar y él hacía esconder a los chicos para cuidarles la cabeza y que no se quedaran con ese recuerdo”, describió. El nombre del libro surgió al escuchar uno de estos testimonios: “Yo estaba, era chica, lo veía, y era el lugar perfecto por varias razones”, le dijo Elena.

Para Magnotta el lugar elegido tiene que ver con la geografía de la zona, pero también con el carácter de los moradores: “La gente es muy cerrada. La mayoría son trabajadores de la madera, de la pesca y ellos fueron los testigos de la investigación. Es el libro de los testigos más comunes del mundo. Esa zona tiene muchos lugares impenetrables, inundables, donde se forman humedales, con camalotes de tierra, que con los años se pueden llegar a convertir en pequeñas islas. Ese es uno de los lugares elegidos para los vuelos, creo que por la cercanía con Buenos Aires. La gente no hablaba, por miedo y por las características de la zona ”, explicó. El periodista calculó que partiendo desde Buenos Aires por vía aérea, ya sea avioneta o helicóptero, no se puede tardar más de 20 minutos. El delta entrerriano, al sur de la provincia, es entonces el extenso escenario de una investigación periodística y judicial, que se extiende también al otro lado del Río de la Plata

La proximidad con Uruguay es otro factor a tener en cuenta. El autor del libro recolectó testimonios en el país vecino que cuentan sobre la aparición de cuerpos en las costas: “Pampero estuvo detenido y fue torturado por la policía por tener la osadía de contar que había encontrado el cuerpo de una chica en la costa. Pero vio y sabe mucho más, cosas que revela al periodista con el grabador apagado. Es un inesperado, rico y valiente testigo de los vuelos”, escribió en el libro “El lugar Perfecto”, sobre la entrevista que realizó en La Paloma, Uruguay, a Leonel Álvarez Olivera, El Pampero:

-Lo escucho, Pampero…

-La primera chica que encontré tenía hasta las uñas pintadas, pobre. Habrá tenido unos veinte años… Fue en el puerto Los Botes, en La Paloma.

-¿Estamos hablando de 1976?

-Sí, ‘76. Salió ese cadáver y denuncié a la comisaría, y me tuvieron cuarenta horas de calabozo. ¿Cómo lo encontró al muerto? Y yo que sé, lo encontré en la costa, le dije. ¿Y cómo venía? Y me pasaban otra vez para el calabozo. Acevedo se llama…comisario Acevedo. ¿Y cómo venía el cuerpo? A las 12 horas me abrían y me volvían a preguntar y a encerrar. Estaqueado. Me encapucharon. Después fui y reconocí a todos. Acevedo, Sosa, Enio Machado… Tuve desgarramiento de las piernas porque me pusieron ladrillos. Y un abogado Martínez, de Montevideo, que buscó mi padre, me sacó a las cuarenta horas. Me dijeron que me fuera a mi casa, que no me iban a molestar más… –

Del libro “Escritos en el Agua” de Carlos María Domínguez, editado por Ediciones de la Banda Oriental, Magnotta rescató el testimonio de José Pepito Pereyra, “El Oriental”, residente en la Localidad de Nueva Palmira, Colonia. “El Oriental” coincide respecto a los aviones y helicópteros que tiraban bultos, a cualquier horario, incluso de día: “En el Bravo tiraban de día. El helicóptero abría las compuertas y largaba bultos al agua. Y usted iba a mirar y eran tipos envueltos en las bolsas, atados con alambres. Desnudos en las bolsas o envueltos en esas frazadas de las cárceles”, describió. Pereyra encontró cuerpos traídos por las corrientes.

Los periodistas Daniel Nino Roselli, de Nueva Palmira, y Fabián Cardozo, de Montevideo, realizaron aportes a la investigación. “La frontera cercana y caliente de los ríos fue elegida para otras actividades en los mismos años. En efecto, fue utilizada para el pase clandestino de presos políticos uruguayos desde la Argentina al Uruguay”, escribió Magnotta y agrega el testimonio de un ex marinero de la Prefectura de Nueva Palmira sobre los cruces clandestinos en lanchas “de presos políticos uruguayos que estaban encarcelados en Argentina”.

Tal vez el caso más conocido sea el del Negrito Floreal Avellaneda, mencionado por Rodolfo Walsh en la “Carta abierta de un escritor a la junta militar” de 1977. El negrito, de quince años, fue secuestrado junto a su madre, Iris Pereyra, y su cuerpo apareció en las costas uruguayas visiblemente torturado. El ejército de Uruguay, en un acto de camaradería genocida, desapareció el cuerpo y el primer juicio por los crímenes de Lesa Humanidad cometidos en Campo de Mayo tuvo como querellantes al padre y a la madre del Negrito. Después de treinta años hubo unas pocas condenas. De seis acusados solo uno recibió prisión perpetua, el Jefe del Comando de Institutos Militares, Santiago Omar Riveros.

Magnotta se entrevistó con el periodista uruguayo Fabián Cardozo quien, el 16 de mayo de 1976, escribió en el diario Última Hora sobre el hallazgo de ocho cadáveres. Uno de esos cadáveres era el Negrito. “El cuerpo apareció en las costas uruguayas el 15 de mayo de 1976, junto al de María Rosa Mora, que había sido secuestrada el mes anterior en Vicente López”.

En ‘El Lugar Perfecto’ se reproduce un fragmento del informe oficial elaborado por la Secretaría de Derechos Humanos de Uruguay sobre “fichas de restos no identificados, correspondientes a cuerpos N.N. hallados en costas uruguayas”. Actualizado a 2014, el comienzo del informe es muy claro: “Hacia fines de 1975 y hasta 1979 comenzaron a aparecer en distintas partes de la costa uruguaya cuerpos de personas sin vida que no podían ser identificadas, presentando signos de evidente violencia y mutilación”, decía.

“Entre 1975 y 1979 fueron hallados 31 cuerpos en las costas uruguayas, siendo identificados hasta el momento 10 cuerpos”. En el informe figuran:

Departamento de Colonia: 11 hallazgos (8 cuerpos se preservaron, entre los que fue identificado Raúl Orlando Montenegro, Raúl Antonio Niño, y Horacio Adolfo Abeledo, todos de nacionalidad argentina).

Departamento de Maldonado: 3 hallazgos.

Departamento de Montevideo: 9 hallazgos (4 identificaciones: María Rosa Mora, Argentina. Floreal Avellaneda, Argentina. Ambos figuraban como detenidos-desaparecidos. Fueron identificados también: Liborio Gadea, Paraguay, y Atilio Arias, Uruguay).

Departamento de Rocha: 8 hallazgos. (3 identificaciones: Luis Guillermo Vega Ceballo; Nelson Valentín Cabello Pérez, ambos de nacionalidad chilena y Laura Gladis Romero es de nacionalidad Argentina).

Cementerio

El cementerio de Villa Paranacito sufre crecidas e inundaciones periódicamente. En el año 2002 y a raíz del secuestro del empresario Rodolfo Clutterbuck se realizaron exhumaciones en  un sector destinado a los NN. Fabián Magnotta presenció ese momento y tomó nota de algunas irregularidades: “Hay algunos con disparos en la cabeza, cráneos destrozados, dos restos juntos, huesos de una mujer donde los registros hablaban de un hombre, y hasta tumbas con numeración melliza. Y en ningún caso los registros aportan esos datos sobre muertes violentas”. Además, recabó testimonios de policías que dieron cuenta de enterramientos de NN en el cementerio. “En el delta, directamente, los cuerpos NN eran dejados en las corrientes de agua o enterrados en el cementerio sin los trámites de rigor. Allí está otro elemento que permite suponer que la Policía o la Prefectura de la zona contribuían en el proceso final de la desaparición de personas”, escribió.

Según un testigo policial, los cuerpos “llegaban en un pontón al cementerio, y la inhumación quedaba a cargo del encargado del camposanto”, que previamente les tomaban las huellas digitales.

“Puede asegurarse que la mayoría de los desaparecidos en el delta entrerriano no fueron a parar al cementerio. Pero también que varios sí siguieron ese destino”, concluyó Fabián.

El Lugar Perfecto tiene su versión documental sonora que se puede ver en YouTube.

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