A 80 años del asesinato de Trotsky, un libro navega por algunas lagunas

SOCIEDAD 20 de agosto de 2020 Por RADIO GPS
El historiador catalán Eduard Puigventós López explora en su libro "Ramón Mercader, el hombre del piolet" (2015) algunos aspectos de aquella época
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Lev Davídovich Bronstein, conocido mundialmente como León Trotsky, fue asesinado el 21 de agosto de 1940. A ochenta años de su muerte, aún existen dudas en torno al tema. El historiador catalán Eduard Puigventós López, autor del libro “Ramón Mercader, el hombre del piolet”, asegura que quedan todavía muchas lagunas por dilucidar, entre ellas encontrar la documentación soviética sobre el presunto homicida.

La historia conocida es que el líder soviético Stalin ordenó asesinar a Trotsky y que quienes llevaron adelante la misión fueron dos comunistas españoles, Caridad Mercader y Ramón Mercader (madre e hijo). Ramón Mercader se había trasladado a Nueva York y de allí a México con el pasaporte de un brigadista canadiense fallecido, Frank Jackson.

A pesar de la fuerte custodia con la que vivía Trotsky, exiliado en la capital mexicana con ayuda del pintor mexicano Diego Rivera, Mercader logró ganarse la confianza de parte de su entorno e infiltrarse. El líder comunista ya había sufrido varios intentos de homicidio y, sin embargo, no seguía las normas de seguridad. Así fue que Mercader, conocido con el alias de “Jacques Mornard”, ingresaba a su residencia sin ser registrado.

El día del asesinato, Mercader apareció en el despacho de Trotsky con el fin de mostrarle un artículo. Al ingresar, se le acercó por la espalda y le clavó un piolet (herramienta comúnmente usada para escalar) en la cabeza. Antes de morir, logró decirle a su esposa quién lo había atacado. Mercader fue condenado a diecinueve años de prisión y liberado en 1960. La Unión Soviética le otorgó la condecoración de héroe.

En una reciente entrevista con la agencia española EFE, Puigventós López subrayó que “faltan muchas cosas por aclarar”, principalmente hallar la documentación que había sobre Ramón Mercader en los antiguos archivos soviéticos que permitiría saber “qué hizo en su paso por la URSS”, antes de cometer el homicidio del revolucionario comunista en México.

El libro del joven historiador catalán (tiene tan sólo 36 años), versión publicada de su tesis doctoral, desmonta algunas falsas creencias sobre el asesinato del revolucionario y asegura que Mercader, agente al servicio del NKVD soviético, “no fue reclutado con el objetivo de matar a Trotsky, sino que asumió que no había ninguna alternativa” y decidió sacrificarse y hacerlo.

Cuestiones que no están claras

“No sabemos, por ejemplo, qué estuvo haciendo Mercader exactamente desde que desaparece en medio de la Guerra Civil española hasta que reaparece en París en el verano del 1938; o quién se hizo cargo exactamente de él durante sus años de prisión; si las operaciones para sacarlo de la cárcel mexicana de Lecumberri fracasaron o se abandonaron; o si realmente alguien hizo algo para envenenarlo al final de su vida”.

Puigventós sitúa al personaje de Ramón Mercader en el contexto de “una época de totalitarismo y confrontación bélica, en la que había una lucha para conseguir cierta hegemonía ideológica a escala mundial, no solo por la dicotomía fascismo-comunismo, sino también dentro de cada corriente política”.

“Stalin aprovechaba todos los resortes del poder y del estado soviético para apartar a sus posibles rivales y erigirse como líder máximo y supremo, que todo lo dirimía y que nadie le hiciera sombra, y a Trotsky, que era su principal competidor, hacía tiempo que lo había ido arrinconando”, aseguró el especialista.

La caída en desgracia de Trotsky comenzó primero con Stalin tomándole los cargos principales en el partido y en el organigrama gubernamental de la URSS. Luego, sacándole los cargos menores, acusándolo de contrarrevolucionario y expulsándolo del partido.

Trotsky, fue “desterrado dentro de la Unión Soviética; exiliado al cabo de un tiempo; y finalmente convertido en chivo expiatorio de todos los males del país y en el más grande traidor a la causa, de forma que, llegados a este punto, y con los Procesos de Moscú en marcha, fue condenado a muerte en ausencia”.

Para cualquier buen comunista, con ganas de contribuir a la causa, “eliminarle y seguir las directrices que emanaban desde Moscú era un deber, y aquí es donde entró Mercader, un joven absolutamente fanatizado y deseoso de contribuir a la construcción del hombre nuevo soviético que se pregonaba”. Considerado un traidor y un obstáculo para ese futuro esperanzador, y más en el contexto de la II Guerra Mundial, “Trotsky tenía que ser sacado de circulación”.

Se ha dicho mucho en relación al arma utilizada en el asesinato, incluso vista simbólicamente como “la unión de la hoz y el martillo comunistas”. Para Puigventós López, fue solo una casualidad: “Mercader tenía el piolet a mano y lo hizo recortar para poderlo entrar en casa de Trotsky sin ser detectado”, guardándolo en su bolsillo.

Según detalla el historiador, el infiltrado también llevaba “una pistola y un cuchillo, pero la primera hubiera llamado la atención de los guardias que convivían con Trotsky y el segundo habría requerido mucha destreza por parte de Mercader y actuar rápido para no dar opción al revolucionario a defenderse”.

De este modo, Mercader pensó que “con un golpe seco y fuerte con el piolet, podría matar a Trotsky y huir sin que se dieran cuenta. Ciertamente, el uso de esta herramienta convirtió este magnicidio en un icono mundial que transcendió a la historia”.

Siempre se dijo que Caridad Mercader fue quién persuadió a su hijo para cometer el asesinato. Pero Puigventós López recuerda que el escritor y filósofo Gregorio Luri, autor de una monografía sobre los Mercader, apunta hacia otra dirección, y “no está tan claro que fuera ella quien lo empujara a cometer el crimen”.

“Cuando falló el atentado de mayo de 1940, dirigido por el artista muralista David Alfaro Siqueiros, la persona más próxima en el entorno de Trotsky con capacidad para cometer el asesinato era Mercader, entonces haciéndose pasar por Frank Jackson. Leonid Eitingon y Caridad eran los otros miembros del grupo”, añadió.

Desde que Puigventós publicó su libro en 2015, pocos cambios se han producido sobre el relato o el contexto de la historia, y han aparecido pocas publicaciones respecto al tema. Por ende, aún queda mucho por dilucidar sobre la cuestión.

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