Los padres de la agroecología: “Es una revolución de pensamiento, un movimiento superior al que fue la Revolución Verde”, afirma Santiago Sarandón

MEDIO AMBIENTE 09 de octubre de 2020 Por RADIO GPS
Santiago Sarandón es ingeniero agrónomo recibido en La Plata y se lo considera uno de los padres de la agroecología a nivel local y regional. Actualmente preside la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA) y la Sociedad Argentina de Agroecología. Desde que comenzó a transitar en 1992 por esta corriente lo hace convencido de que el modelo agropecuario convencional está “totalmente agotado”.
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Por Julia Luzuriaga (Bichos de campo)

Santiago Sarandón es ingeniero agrónomo recibido en La Plata y se lo considera uno de los padres de la agroecología a nivel local y regional. Actualmente preside la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología (SOCLA) y la Sociedad Argentina de Agroecología. Desde que comenzó a transitar en 1992 por esta corriente lo hace convencido de que el modelo agropecuario convencional está “totalmente agotado”.

 Para Sarandón, la agroecología “es mucho más que una tecnología” que viene a reemplazar otra. “Es una revolución de pensamiento, y es un movimiento superior al que fue la Revolución Verde, por lo que implica”.

Aclara, de todos modos, que “estos paradigmas y cambios profundos en la manera de ver las cosas llevan su tiempo, porque implica deconstruirse y reconstruirse de otro modo. Es otra manera de percibir el conocimiento y lo que son los sistemas agropecuarios”.

Para el ingeniero agrónomo, la agroecología va ganando cada vez más fuerza “porque es cada vez más evidente que el modelo actual de agricultura está colapsando, y los problemas que se pueden enumerar son muy reconocidos: desgaste de los suelos, erosión, pérdida de nutrientes, contaminación, la dependencia cada vez más creciente por los plaguicidas y la resistencia em malezas. Todo esto no son más que síntomas de un modelo equivocado”.

Ante estos problemas es que aparece la agroecología con más fuerza. “La agroecología no es el problema, es la solución. Hay gente a la que parece molestarle su aparición, pero si ésta no existiera los problemas serían peores”.

Mirá la entrevista completa a Santiago Sarandón:

-Me imagino que a esa gente le molesta más el deconstruirse, y por eso su rechazo hacia la agroecología

-Como a todos, porque yo también soy ingeniero agrónomo recibido de la Universidad de La Plata, la facultad más antigua de la Argentina, y con estas nuevas lentes comprendemos que tuvimos una formación muy reduccionista, simplista y hasta inocente, en la idea de que los seres humanos podíamos dominar la naturaleza y construir los sistemas agropecuarios como si fueran una receta de cocina. Pero claro, luego nos dábamos cuenta de que quedaban los platos sucios, o lo que llamamos las externalidades. La mirada de una ciencia reduccionista, que no sólo está presente en las ciencias agropecuarias sino en otras disciplinas, comenzó a ser reconocida como insuficiente. Permitió ciertos avances o ciertas ilusiones de dominio, pero hoy vemos que no dominamos y que se nos escapan miles de cosas aplicando la ciencia. Es decir, este modelo que está colapsando no es producto de no haber hecho lo que la ciencia decía sino que es producto de haber seguido las instrucciones de la ciencia y eso nos obliga a reflexionar que es lo que está mal.

-Pero la ciencia aportó herramientas poderosas a todo este proceso…

-Claro, pero hoy tenemos resistencia de malezas que se volvieron imparables a los herbicidas, y no solo al glifosato. Están apareciendo cuatro biotipos por año, entonces este ritmo es imparable y los precios para controlar malezas en el campo aumentaron. Ahora, la aparición de malezas resistentes la generó la aplicación de tecnología de un modelo simplista que creía que con un herbicida para una planta transgénica que era la soja, durante muchos años, en grandes superficies iba a poder controlar y erradicar las malezas. Bueno, algo falló porque eso no ocurrió y el panorama empeoró. Si pensamos en los responsables, pareciera ser que son cosas que iban a pasar y que era producto de ciertos desajustes, pero para nosotros se trata de algo mucho más profundo.

-Sin embargo las empresas que propiciaron este modelo están buscándole la vuelta para solucionar estas contingencias con más ciencia. Nuevos transgénicos, aplicaciones selectivas, la agricultura digital, etcétera…

-La idea de que quieren solucionar es una percepción subjetiva. Nosotros no sabemos lo que quieren, sólo sabemos lo que ofrecen. Y la evidencia del problema es tan grande que empiezan a reconocer que hay un modelo que está mal, aunque sea indirectamente. El concepto de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA) indica automáticamente que las otras no lo eran. No somos ingenuos y sabemos que una buena aplicación de un producto es mejor que una mala aplicación. La duda es si es esa la solución. Asumimos este reconocimiento que hacen con las BPA para marcar que las otras no eran buenas.

Lo que estamos discutiendo es si la solución pasa por más dentro del mismo esquema, o directamente cambiar de esquema. Hay que ver si esta idea de aplicar más tecnología, eventos apilados, drones, satélites, apretando el acelerador estamos yendo al precipicio a más velocidad o si realmente estamos cambiando. No hay ninguna razón para entender que estos pequeños cambios dentro del mismo modelo puedan conducir a la solución, porque en nuestro análisis, la causa de los problemas es el modelo. Y como dijo Einstein, pretender solucionar los problemas con la misma estructura que los generó es una ilusión. Por eso hay que reflexionar porque estamos donde estamos y como es que se llegó a un modelo agropecuario tan deficiente.

-¿Entonces no resultan creíbles las soluciones ofrecidas por las empresas?

-Las empresas tienen un lucro como objetivo, y van a seguir ofreciendo una solución para seguir vendiendo. El tema es que hoy utilizan algo que nosotros construimos, que es el haber logrado que la palabra agroecología tenga un valor positivo. Si hoy alguien dice que esta comida es agroecológica, significa que para la mayoría es mejor. Hoy ese término está siendo apropiado por las empresas.

-Bueno, por lo menos lo están discutiendo.

-Antes lo discutían, ahora ya no pueden. Acá hubo tres etapas: primero la ignorancia, decían que no teníamos la entidad suficiente para discutir. Después el combate, a través del cual decían que esto no era cierto ni viable, ni científico. La tercera etapa es la cooptación. Por eso son tan importantes las universidades y centros de formación que puedan generar un pensamiento crítico, porque hay que comprender que cualquier tecnología tiene por detrás una idea subyacente, un modelo, y por eso hay que saber ubicarla a esa tecnología en el lugar que corresponde.

-¿Está en condiciones la agroecología de responder a una suerte de mandato mundial sobre la Argentina y el Mercosur? Según este mandato, la región parece estar condenada a ser proveedora de materia prima para el resto del mundo.

-Hay que entender que hay un modelo de flujo de alimentos en el mundo totalmente irracional e insostenible en el tiempo. Que sea rentable en lo económico no significa que sea viable. Y te pongo el ejemplo del modelo sojero en estos países. Ven a la soja como un cultivo de grandes extensiones, que rinde miles de kilos, y cuyo grano se exporta en barcos para servir como alimento a animales en otros países lejanos. Ahora, este es un modelo totalmente irracional, porque vacía completamente el suelo; cada vez que salen 4 mil kilos de soja, se van con ella kilos de fósforo, potasio, magnesio, azufre, etcétera. Y esto lo hacemos desde hace años.

Esta generación se comió los suelos. Pero además de eso, el transporte es muy caro, porque van muchos kilos y llegan a su destino, por ejemplo a China, para darle de comer a los cerdos, generando un problema de acumulación de residuos allá y de vaciamiento acá. Que traiga divisas no significa que conceptualmente sea una buena idea. Es una idea pésima. Por eso hay que, cambiarlo. Va a llevar tiempo, pero es un modelo insostenible físicamente, e intelectualmente no hay manera de probar que sea un buen modelo. Nadie lo ha hecho. A su vez, se tiende a pensar que el modelo agroecológico no podría producir excedentes para exportar, pero no es así. Se podría exportar y obtener las divisas que el país precise.

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